UN CLIENTE DIFÍCIL
[JULIETA]
Si no fuera porque mi ascenso depende de qué tan bien trate a este empresario, ya hubiera salido corriendo ante su forma tan prepotente de ser. No me siento orgullosa de haber mentido cuando dije que me despedirían si no aceptaba este trabajo, pero dudo que hubiera accedido a ayudarlo de otra forma.
Miro por la ventana de esta elegante limusina y la oscuridad de la noche hace que su reflejo sea lo primero que veo: tal como me lo describieron… alto, extremadamente elegante, pero frío. Y a pesar de lo bien parecido que es, me resulta insoportable. Ni sus ojos miel, ni su cabello perfectamente peinado, ni esa leve barba que lo hace ver tan masculino logran que me caiga un poco mejor.
Escort… me confundió con una escort, todavía no lo puedo creer pienso, justo cuando la limusina entra al área de valet del Mandarín Oriental, sin duda uno de los mejores hoteles de Las Vegas.
—Iré por la llave de su suite. Si quiere, puedo encontrarlo allá, está en el piso 47 —Charly, el chico del valet, abre la puerta y me sonríe al verme.
—Gracias, Charly. Ayuda al señor Montenegro con su equipaje mientras busco la llave de su suite —le pido, tocándole el hombro.
—Por supuesto —responde amable, y sin más rodeos entro al hotel.
Por suerte, todos los que están de turno esta noche me conocen, así que hacer el registro para el señor Montenegro y obtener la tarjeta magnética no me toma más de diez minutos.
—¡Gracias, Andrés! —le digo al recibir el sobre de bienvenida que incluye la llave.
Me dirijo rápido a los ascensores; el ruido de mis tacones retumba en el suelo de mármol y admito que no caerme es todo un logro, porque tacones y mármol pueden ser una combinación bastante traicionera. La puerta del ascensor tres se abre y entro rápidamente, mientras otros huéspedes suben en los elevadores que llegaron al mismo tiempo. Solo espero llegar antes que él; no quiero darle ninguna oportunidad para enojarse conmigo y decidir que prescindirá de mis servicios.
Es el último cliente… solo concéntrate en eso me repito, viendo cómo los números suben en la pequeña pantalla del ascensor hasta que finalmente se detiene en el piso 47 y las puertas se abren.
Recorro el largo pasillo hasta llegar al final, donde está la puerta 4715: la “Mandarín Suite”, la más costosa del hotel, con dos dormitorios, un estudio, gimnasio privado y una bañera gigante. Abro, aseguro la puerta para que no se cierre y espero pacientemente a que llegue el señor Montenegro.
Pasan pocos minutos cuando lo veo caminando hacia la suite, desabrochándose las mangas de la camisa y remangándolas.
—Muy eficiente —comenta al llegar frente a mí.
Sonrío lo mejor que puedo y asiento.
—Aquí tiene su llave y todas las extensiones telefónicas principales del hotel, pero para cualquier cosa solo llame a este número y yo me encargaré —digo entregándole mi tarjeta de presentación, que él examina con atención.
—¿Español, inglés, francés, alemán e italiano? ¿Esos son los idiomas que hablas? —me pregunta al leer.
—Así es, señor Montenegro. Si necesita que haga algún trámite o llamada en cualquiera de esos idiomas, también puedo hacerlo —informo.
Él hace un gesto extraño y me mira.
—Sorprendente. No sé qué haces trabajando aquí —comenta, y yo solo lo miro.
—La gente no siempre puede trabajar en lo que sueña, pero no me quejo de este trabajo —respondo y él esboza una leve sonrisa.
—¿Te pagan comisión por lo que yo gaste y pierda en el casino? —pregunta de repente.
—Es parte de mi sueldo también —respondo sin dudar, y sonríe.
—Entonces ganarás mucho dinero estos días —replica, guiñándome un ojo—. Mañana a las 8 a.m. aquí, ¿de acuerdo? —sentencia, y solo asiento.
—Mañana a las 8 a.m. —repito y escucho un ruido. Al voltear, veo que es el botones con su equipaje.
—Ahí está su equipaje. Si no necesita nada más por hoy, lo dejaré descansar —indico.
—¿En qué habitación te quedarás? —pregunta de repente.
—En la suite 4710. No es tan lujosa como esta, pero al menos está cerca, como usted pidió —respondo, y él asiente.
—Perfecto. Hasta mañana entonces —dice.
—Hasta mañana, que descanse —le respondo y me doy la vuelta para ir a mi suite.
Primera prueba superada pienso mientras camino por el pasillo y espero que esto mejore con los días.
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