LA VIDA DESPUÉS DE TI-EL TIEMPO QUE PASÓ

EL TIEMPO QUE PASÓ

[BRANDON]

(Horas después)

Málaga, España

Bajo al salón después de ducharme y vestirme, todavía con el cabello húmedo y la cabeza cargada de pensamientos que no logro ordenar. El murmullo de voces me llega antes de cruzar el umbral del comedor, y cuando lo hago, la escena me golpea de frente.

Allí está ella.

Sentada junto a mamá y mi hermana, alrededor de la gran mesa del comedor, completamente cubierta de revistas de vestidos de novia, catálogos de decoración y muestras de telas. Colores marfil, encajes, centros de mesa, listas de invitados. Todo demasiado real.

Demasiado rápido.

Comprometerme en Navidad claramente no fue una decisión inocente. Yo pensaba que el trabajo, las giras y los compromisos retrasarían cualquier plan concreto, pero al parecer mi familia y Gianella tienen prisa. Después de todo, ella es exactamente la mujer que siempre quisieron para mí.

El escenario me arrastra inevitablemente a aquella noche en Málaga, marzo de 2019. Evento de caridad. Cóctel de bienvenida. Fue mamá quien comenzó a hablar con ella, fascinada con la empresaria financiera elegante que había llegado sola. Luego la invitó a nuestra mesa con una naturalidad sospechosa, como si ya hubiese decidido que encajaría en nuestra vida. Y encajó. Demasiado bien.

Amistad.

Fotos filtradas.

Titulares hablando de “la pareja perfecta”.

Presión constante.

Lo que nadie sabe —lo que jamás admitiré frente a esta mesa llena de encajes blancos— es que yo ya tuve a la mujer perfecta.

Y la perdí.

Asli Fernández no necesitaba aprobación. No necesitaba titulares. No necesitaba aceptación social. Solo necesitaba que yo la defendiera cuando más lo necesitaba.

Y no lo hice.

Desde el primer momento en que mamá insinuó que era una interesada, yo debí levantarme. Debí enfrentarla. Debí decir que estaba enamorado y que eso era suficiente.

Guardé silencio.

Ese silencio fue la grieta.

Ahora veo a Gianella moverse por esta casa con la seguridad de quien sabe que pertenece aquí. Mamá la mira como si ya fuera parte de la familia. Papá la respeta. Mi hermana la adora.

Y yo estoy de pie frente a una vida que todos celebran…
pero que no me enciende como debería.

—Hijo, ven —dice mamá—. No te quedes ahí parado. Tú también tienes que opinar.

Mis pies avanzan, pero algo en mí se queda atrás.

Muy atrás.

En otra ciudad.

En otra mesa.

En otra mujer que sí fue fuego.

[ASLI]

París, Francia

Caminar de su mano por el Campo de Marte, con la Torre Eiffel recortándose imponente frente a nosotros, es una de esas escenas que solo existen en las películas… o en las historias que yo solía escribir creyendo que nunca me ocurrirían.

París está fría, luminosa, viva. Y yo también.

Sus anécdotas sobre los viajes de negocios con su padre me hacen reír sin esfuerzo. Con él, la risa es constante, natural. Creo que eso fue lo que más me atrapó desde el principio, incluso cuando estaba convencida de que no volvería a involucrarme con nadie después de Brandon.

—¿Quién diría que estaríamos aquí después de todo lo que me costó que aceptaras ser mi novia? —dice, girando la conversación con una sonrisa ladeada.

Río.

—Tú eres el que insistió —me defiendo.

Se detiene en seco. En un segundo me tiene contra su cuerpo, aprisionada por la cintura, el abrigo abierto, el calor de él desarmándome.

—Dos meses para aceptar una cita —susurra cerca de mi oído—. Otros tres para algo más que follar delicioso en la cama. Y casi tres más para que aceptaras vivir conmigo.

Su voz baja, lenta, cargada de intención. Me besa breve, provocador.

—No sé cuánto me costará que aceptes casarte conmigo —continúa—, pero sé cómo eres. Una mujer con tiempos. Y eso me encanta. Así que esperaré.

Me besa de nuevo, esta vez despacio, profundo, de esos besos que te hacen olvidar dónde estás. Tengo que apoyarle una mano en el pecho para detenerlo antes de que la situación se nos vaya de las manos.

—Oye… hay niños caminando por aquí —le reprendo entre risas.

—Lo siento —responde—, pero Asli Fernández, eres el amor de mi vida. Y no sabes cuánto agradezco haber coincidido contigo en aquella reunión.

Esta vez soy yo quien lo besa.

—Eres cursi. Terriblemente romántico —le digo—. Y creo que me gusta… mucho.

Con Brandon todo fue distinto. Más intenso. Más sexual. Más directo. Pero cuando llegó el momento de decir te elijofrente a quienes importaban, no lo hizo. Y por más que haya marcado mi vida para siempre, eso no se lo puedo perdonar.

—Vamos, reina —dice mirando la hora—, o no llegamos a subir a la torre.

—Vamos —respondo—, antes de que lleguemos tarde, como siempre.

Seguimos caminando, entre risas y promesas suaves, disfrutando de este viaje que elegimos compartir. Sin saber —o quizás sabiendo demasiado bien— que hay historias que nunca terminan del todo, aunque intentes escribir otras nuevas encima.

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