EL DESTINO QUE HEREDAMOS- EL HOMBRE QUE ESTABA ANTES

EL HOMBRE QUE ESTABA ANTES

[AMARA]

A las once y veinte de la mañana consigo pasar casi cuarenta minutos sin pensar en Kael, lo que, considerando cómo han transcurrido las últimas veinticuatro horas, debería contar como una pequeña victoria.

Estoy en mi oficina de Bellori Grove revisando con Camila las modificaciones de una propuesta que debería haber terminado la semana pasada. Ella lleva varios minutos explicándome por qué Finanzas insiste en cambiar unas proyecciones que nadie había cuestionado hasta ahora, mientras yo hago un esfuerzo bastante mediocre por mantener la atención en la pantalla.

Mi teléfono permanece boca abajo sobre el escritorio.

No estoy esperando ningún mensaje y precisamente por eso decidí colocarlo así.

—¿Estás escuchándome? —pregunta Camila.

Levanto la vista con mi expresión más convincente.

—Claro.

—¿Qué acabo de decir?

—Que Finanzas está intentando arruinarme la mañana.

—Eso lo dijiste tú hace diez minutos.

—Entonces estaba escuchando hace diez minutos.

Camila se ríe y regresa al documento justo cuando mi teléfono vibra. Lo giro con demasiada rapidez y encuentro el nombre de Luca en la pantalla.

¿Podemos hablar esta noche?

Leo el mensaje dos veces antes de contestar que sí. Su respuesta llega poco después, diciendo que me llamará más tarde, y no debería significar nada que no añada un te quiero. Luca no termina cada conversación de esa manera y yo tampoco, pero después de lo ocurrido anoche mi cabeza parece decidida a analizar incluso las palabras que no están.

—¿Problemas? —pregunta Camila.

—No.

Ella me observa con una sonrisa.

—Eso sonó muy convincente.

—Últimamente tengo demasiadas personas analizando cómo digo la palabra no. No empieces tú también.

Esta vez su risa consigue que vuelva al trabajo durante algunos minutos.

A mediodía es Alessandro quien interrumpe mi concentración para darme, por fin, una noticia que debería aliviar parte de la presión. Gabriel Mendez tenía una explicación perfectamente normal para haber abierto el archivo de Varenna la tarde del atentado. Alessandro le había pedido revisar unas proyecciones financieras durante esa misma semana y existen correos que respaldan el trabajo.

—Entonces Gabriel queda fuera —digo.

—No exactamente. Solo sabemos por qué abrió ese archivo.

Sonrío al escuchar la precisión.

—Estás pasando demasiado tiempo con Kael.

—Dios me libre.

—Hablas exactamente como él.

—En ese caso, retiro todo lo que acabo de decir.

La explicación elimina una de las coincidencias que empezaban a acumularse alrededor de Varenna, pero no consigue borrar las demás. El auto utilizado para dispararme fue robado del estacionamiento de uno de sus restaurantes y la noche del atentado terminé en Brickell porque tenía allí documentos relacionados con esa adquisición. Puede que ninguna de las dos cosas tenga relación entre sí, aunque cada vez resulta más difícil mirar el nombre de Varenna como si se tratara simplemente de otra operación empresarial.

Alessandro me informa que papá ya conoce la explicación de Gabriel y, milagrosamente, no lo ha despedido ni ha convocado una reunión de emergencia.

—Está aprendiendo —dice mi hermano.

—Todos los hombres de mi vida parecen estar aprendiendo esta semana.

El silencio de Alessandro me hace arrepentirme inmediatamente.

—¿Qué significa eso?

—Absolutamente nada. Adiós, Alessandro.

Cuelgo antes de que pueda interrogarme.

Solo entonces reparo en mis propias palabras.

Los hombres de mi vida.

Kael no pertenece a mi vida. Trabaja para mi padre, duerme en nuestra casa porque alguien intentó matarme y probablemente desaparecerá en cuanto deje de necesitar protección.

La explicación es impecable.

Lo único que falla es que ya no se siente completamente cierta.

[…]

Poco después de la una, Camila vuelve a entrar en mi oficina y me informa que tengo una visita.

Levanto la mirada esperando ver a Luca detrás de ella.

—¿Dónde está?

—Eso es lo extraño. Preguntó por Brenner.

Cierro lentamente la computadora.

—¿Luca vino aquí buscando a Kael?

—Eso parece. Uno de los hombres de seguridad lo acompañó. Creo que están en alguna parte de la terraza.

No me gusta la sensación que se instala en mi estómago.

Salgo de la oficina y cruzo el hotel con suficiente rapidez para que dos empleados me miren al pasar. Bellori Grove tiene varias terrazas y espacios privados alrededor de los salones ejecutivos, pero sé cuál utiliza seguridad cuando necesita mantener una conversación lejos de los huéspedes.

Los encuentro allí.

Luca está de espaldas a mí y Kael frente a él. Ninguno grita ni parece dispuesto a convertir esto en una demostración absurda de testosterona, pero la rigidez en los hombros de ambos deja claro que no están hablando del clima.

Estoy a punto de salir cuando escucho a Luca.

—No vine a pedirte que dejes tu trabajo. Sé perfectamente que eso no depende de mí.

—Entonces no entiendo por qué estamos teniendo esta conversación —responde Kael.

—Porque tu trabajo es precisamente lo que hace que esto sea diferente.

Me detengo.

Sé que debería anunciar mi presencia, pero algo en la voz de Luca me mantiene inmóvil.

—Puedes estar con ella prácticamente todo el día —continúa—. Estás en su casa, en su oficina, en el auto y en cualquier lugar al que decida ir. Si se despierta asustada a las tres de la mañana, eres la persona que puede llegar antes que nadie. No puedo pedirte que desaparezcas porque alguien está intentando matarla y, créeme, no quiero que desaparezcas si eres bueno manteniéndola a salvo. Pero tampoco voy a fingir que eso no coloca nuestra relación en una situación bastante complicada.

Kael tarda un momento en responder.

—Esto no debería ser una competencia.

—Amara me dijo exactamente lo mismo.

—Entonces quizá deberías creerle.

Luca suelta una risa breve.

—No te hagas el noble conmigo, Brenner. No vine a pelear ni a pedirte que te mantengas a diez metros de ella. Vine porque Amara fue sincera conmigo y creo que tú deberías serlo también.

La expresión de Kael cambia apenas.

—¿Sincera sobre qué?

—Sobre ustedes.

Siento que el estómago se me cierra.

No le pedí permiso a Luca para contarle a Kael nuestra conversación, pero tampoco puedo acusarlo de revelar un secreto que ya no existe. Kael y yo admitimos lo que ocurre antes de que Luca y yo habláramos siquiera.

—Me dijo que le atraes —continúa Luca—. También me dijo que tú lo sabes y que la atracción es mutua. No necesito detalles y preferiría no tenerlos. Solo necesito saber si estamos hablando de algo que piensas controlar o de algo que estás esperando que ocurra.

Kael aparta la mirada hacia los jardines durante unos segundos. Cuando vuelve a mirar a Luca, su expresión está más seria.

—No estoy esperando que ocurra nada.

—No fue exactamente lo que pregunté.

Una sombra de sonrisa atraviesa el rostro de Kael.

—Últimamente escucho mucho esa frase.

A pesar de todo, casi sonrío.

Luca no.

—¿Te atrae?

Kael podría negarlo. Podría recordarle que no le debe explicaciones o utilizar cualquiera de las evasivas que emplea conmigo.

No lo hace.

—Sí.

La palabra es sencilla, pero escucharla desde aquí me provoca una reacción completamente desproporcionada.

Luca asiente lentamente, como si hubiera esperado la respuesta y aun así necesitara unos segundos para aceptarla.

—Gracias. Al menos no vamos a perder tiempo fingiendo.

—Nunca te he mentido sobre eso.

—Nunca habíamos hablado.

—Precisamente.

Luca camina hacia la baranda y permanece allí unos segundos antes de continuar.

—No me preocupa que Amara encuentre atractivo a otro hombre. Llevamos cuatro años juntos y sería ridículo creer que durante todo ese tiempo ninguno va a fijarse en nadie más. Lo que me preocupa es la cercanía. Tú no eres un hombre que ella ve dos veces por semana en una oficina. Estás entrando en todos los espacios de su vida al mismo tiempo.

Kael lo escucha sin interrumpir.

—Anoche bajó al lobby a buscarte —añade Luca—. Después volvió a mi cama y me contó dónde había estado. No me engañó ni intentó esconderlo, pero me dijo que ya no está segura de que esto sea solamente físico. Supongo que puedes entender por qué eso cambia las cosas para mí.

La mandíbula de Kael se tensa.

—No debería haberte puesto en esa posición.

No sé por qué la frase me duele. Quizá porque durante un instante parece arrepentirse de mí. Luca lo interpreta de otra manera.

—No estoy pidiéndote una disculpa. Quiero saber qué piensas hacer.

—Mi trabajo.

—Eso tampoco responde.

Kael exhala y se pasa una mano por la nuca.

—Estoy intentando poner distancia donde puedo. No voy a dejar de protegerla y tampoco puedo evitar estar cerca mientras exista una amenaza, pero eso no significa que vaya a utilizar esa proximidad para meterme en su relación.

Luca lo observa con atención.

—¿Y está funcionando?

Esta vez Kael tarda más.

—Estoy intentándolo.

Luca sonríe sin humor.

—Esa probablemente sea la primera respuesta de esta conversación que realmente creo.

Hay algo extraño en verlos así. No parecen dos hombres compitiendo por mí, y agradezco que no lo hagan. Parecen dos adultos atrapados en una situación que ninguno eligió y que ninguno sabe resolver sin que alguien termine herido.

Luca permanece apoyado en la baranda antes de hablar otra vez.

—Hay otra cosa que quiero que entiendas. No eres el primer hombre que mira a Amara. Eso nunca me preocupó demasiado porque confío en ella. Contigo es diferente porque ella también te está mirando.

Kael sostiene su mirada.

—Eso tienes que hablarlo con ella.

—Ya lo hice.

—Entonces no necesitas nada de mí.

—Necesito saber qué clase de hombre está pegado a mi novia veinticuatro horas al día.

La frase provoca algo en Kael.

—Amara no es algo que puedas vigilar para asegurarte de que nadie te lo quite.

Luca frunce el ceño.

—No he dicho eso.

—No directamente. Pero estás hablando conmigo como si la decisión final estuviera entre tú y yo. No lo está.

Por primera vez Luca guarda silencio.

Kael continúa con un tono mucho más tranquilo.

—Tu relación es con ella. Si Amara decide que quiere estar contigo, yo no puedo cambiar eso. Si algún día decide otra cosa, tampoco podrás cambiarlo tú interrogándome.

Luca baja la mirada y, para mi sorpresa, asiente.

—Tienes razón.

Kael no responde.

La conversación podría terminar ahí.

Entonces Luca hace la pregunta que cambia todo.

—¿Sientes algo por ella?

Kael queda inmóvil.

No pregunta si le parezco hermosa ni si quiere acostarse conmigo. Luca está preguntando algo diferente y los tres lo sabemos.

Mi corazón empieza a acelerarse.

Kael mira hacia los jardines antes de regresar a Luca.

—La conozco desde hace unos días.

—No pregunté si estás enamorado.

—Entonces ¿qué estás preguntando?

—Si para ti esto sigue siendo solamente atracción.

El silencio se prolonga demasiado.

Esta vez no quiero escuchar la respuesta escondida detrás de una puerta.

Salgo a la terraza.

—Creo que ya es suficiente.

Ambos giran hacia mí. Luca es el primero en reaccionar.

—Amara.

—¿Viniste a mi trabajo a hablar con Kael sobre nuestra relación?

No levanto la voz. No hace falta.

Luca se aparta de la baranda.

—Necesitaba saber con qué estaba lidiando.

—Estás lidiando conmigo.

—Lo sé.

—No parece. Porque llevas no sé cuánto tiempo preguntándole a él qué siente, qué piensa hacer y si esto significa algo más, cuando la persona con la que tienes una relación soy yo.

—Tú y yo hablamos anoche y esta mañana.

—Y volveremos a hablar esta noche si hace falta. Pero Kael no te debe explicaciones sobre nuestra relación.

Luca me observa con cansancio.

—Eso mismo me dijo.

—Entonces por una vez estamos todos de acuerdo.

Kael da un paso atrás.

—Voy a dejarlos solos.

—No hace falta.

Él me mira.

—Sí hace falta.

No quiero que se marche con la sensación de que hizo algo malo, pero también sé que esta conversación pertenece a Luca y a mí.

—Está bien.

Kael asiente y empieza a caminar hacia la puerta.

Luca lo detiene.

—Brenner.

Kael se vuelve.

—No vine aquí para amenazarte.

—Lo sé.

—Ni para decirte que te alejes de ella mientras alguien está intentando hacerle daño.

—También lo sé.

Luca tarda un momento antes de añadir:

—Solo necesitaba saber si entendías lo que está en juego.

Kael me mira brevemente antes de responder.

—Lo entiendo mejor de lo que crees.

La frase me deja una sensación extraña porque hay algo debajo de ella que ninguno de nosotros conoce.

Después se marcha.

[…]

Espero hasta que la puerta se cierra.

—No deberías haber venido a buscarlo.

Luca asiente.

—Probablemente no.

Su admisión elimina parte de mi enojo.

—Entonces ¿por qué lo hiciste?

—Porque anoche me dijiste que te atrae y que ya no sabes si es solamente físico. Esta mañana te pedí tiempo para procesarlo y, después de que te fuiste, me quedé pensando que él tiene acceso a ti de una manera que ningún otro hombre ha tenido durante nuestra relación. Quería saber si estaba aprovechándose de eso.

—No lo está.

—Ahora lo sé.

Me cruzo de brazos.

—Podrías haberme preguntado.

—Lo hice.

—No de esa manera.

Luca se acerca, pero mantiene cierta distancia.

—Amara, te conozco. Si creyera que Brenner está presionándote o intentando meterse entre nosotros deliberadamente, esta conversación habría sido muy diferente. Pero no creo que esté haciendo eso.

La respuesta me sorprende.

—Entonces ¿qué crees?

—Que está intentando no hacerlo y que tú estás intentando lo mismo.

No sé qué decir.

—Y eso debería tranquilizarme —continúa—, pero de alguna manera me preocupa más.

—¿Por qué?

—Porque si fuera solamente un imbécil intentando acostarse contigo, confiaría en que lo mandarías al demonio en cinco minutos. Pero no parece ser eso lo que está pasando.

Su voz no contiene reproche. Solo cansancio.

—No sé qué está pasando —admito.

—Lo sé.

—Y no quiero hacerte daño mientras lo descubro.

Luca me mira durante unos segundos antes de acercarse finalmente y tomarme la mano.

—Entonces no me dejes fuera.

Aprieto sus dedos.

—No lo haré.

—Te quiero.

Esta vez sí lo dice.

La presión en mi pecho disminuye.

—Yo también te quiero.

Luca me besa. Es un beso suave, sin desesperación ni necesidad de demostrar nada. Le respondo porque es mi novio, porque lo amo y porque ninguna de las cosas que siento cuando Kael está cerca borra cuatro años de mi vida.

Cuando se aparta, apoya la frente contra la mía.

—Te llamo esta noche.

—Está bien.

Lo observo marcharse y permanezco unos minutos en la terraza antes de regresar a mi oficina.

Kael no está en el corredor. Tampoco en la recepción.

No debería buscarlo.

Lo hago de todas formas.

Lo encuentro cerca de uno de los salones privados, hablando con un hombre de seguridad. Cuando me ve, termina la conversación y espera mientras me acerco.

—¿Todo bien? —pregunta.

—Sí.

Esta vez no cuestiona la palabra.

—Luca ya se fue.

—Lo vi.

Nos quedamos frente a frente con suficiente distancia para que ninguno pueda fingir que se trata de un accidente.

—Escuché parte de la conversación antes de salir —digo.

Kael asiente.

—También lo imaginé.

—Escuché cuando dijiste que te atraigo.

Una pequeña exhalación, casi una risa, escapa de él.

—No creo que eso sea información nueva.

—No.

—Entonces estamos bien.

—También escuché cuando dijo que quizá para ti ya no sea solamente atracción.

Su expresión cambia.

—Y no respondiste.

—Llegaste antes.

—Podrías responder ahora.

Kael me observa durante varios segundos y siento cómo vuelve esa tensión que intentamos controlar desde anoche.

—¿De verdad quieres que responda?

La pregunta me obliga a detenerme.

Porque sí quiero.

Y quizá precisamente por eso no debería hacerlo.

—No sé.

—Entonces no me lo preguntes todavía.

Hay algo extrañamente cuidadoso en su respuesta.

No está huyendo.

Me está dando la oportunidad de no cruzar otra línea.

—Está bien.

Kael asiente.

Empiezo a marcharme, pero su voz me detiene.

—Amara.

Me vuelvo.

—Luca tenía derecho a estar molesto.

—Lo sé.

—Y yo no quiero convertirme en algo que destruya tu relación simplemente porque estoy obligado a estar cerca.

—Tú no eres responsable de mis decisiones.

—Sé que no.

—Entonces deja de intentar protegerme también de ti.

Una sonrisa cansada aparece en su rostro.

—Esa quizá sea la parte más difícil del trabajo.

Mi corazón responde antes de que pueda evitarlo.

No me acerco. Él tampoco. Y por primera vez comprendo que la distancia que Kael está poniendo entre nosotros no disminuye lo que existe.

Solo nos obliga a mirarlo desde lados opuestos.

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